


Cuántas veces tiene que dormir, cuántas veces quedarse despierto. Se cuentan con una mano las primeras, y debe desmembrar a millones para contabilizar las otras. Pero cuando Vincent duerme, no le despiertes.
Son las 7 de la mañana, Vincent está cerrando los ojos.
Algo se oye en la calle:
-¡¡El afiladoooor, el afiladoooor!!
El grito del trabajador de cuchillos hace a Vincent escapar de su noche estrellada. Ahora sí está enfadado. El loco del pelo rojo se dirige al balcón y grita:
-Eh! tú, hijo de puta.
-Perdone, señor, ¿quiere que le afile algún cuchillo?
-Claro, cómo no.
Una nube de cuchillos, lanzados por el pelirrojo, atraviesa al afilador. El cadáver causa una gran conmoción entre los pocos transeúntes, y pronto se arma un buen barullo. Vincent ya no podrá dormir, lo cual le cabrea sobremanera.
Una persona normal se jodería, se compraría unas orejeras para evitar el ruido. Pero Vincent sólo tiene una oreja, así que para qué coño quiere unas orejeras. Lo siguiente que se oye en la calle son los gritos de una docena de personas atravesada por cuchillos.
La policía no tarda en llegar a casa de Vincent. El pelirrojo abre la puerta ataviado con su gabardina. A través del marco puede ver un cuadro de policías apuntándole. No tardan en caer degollados o ensartados. Sólo queda el comisario en pie, Vincent se frota los ojos y le pregunta:
-¿Ahora qué, Franz?
-Ahora vas a venir conmigo.
-Oblígame.
-Como quieras.
Vincent consigue derramar la sangre de Franz, es entonces cuando éste se torna en un monstruoso insecto gigante derrumbando la casa donde se encuentran. Tras los escombros, se ve a Vincent encaramado a la cabeza del descomunal insecto, asestándole un sinfín de puñaladas.
(Continuará…)